Desvarío II

Sus alas se batían

en radiante retirada

mientras el aire acariciaba

su frente al mar

.

Su pelo revoloteaba

alrededor de sus piés

sin llegar a creer

que pudiera crecer más

.

Cúantas cosas haría al partir,

sin intuir que su camino

concluía con ese último

y maravilloso aleteo baldío

Harto

Estoy harto de estar harto

de ser valiente por ser cobarde

de vivir por el simple echo de no morir

de respirar porque no cuesta trabajo

y hasta de pensar en nada

.

Harto de dormir despierto

de parar por no seguir

de tener miedo al miedo

y de llorar en vez de reir

al ver a otro en mi espejo

.

Harto de vivir en tierra de nadie

de no jugar ya a nada

y de mi insoportable mentira

vestida de falsa verdad

.

Harto de cada despertar conmigo

de la diaria masacre

de la muerte anunciada

y de su invisible familiaridad

Cambio

Con el portazo selló su futuro.

Cada decisión terminó por precipitar la huida.

Siempre asustado por el qué, nunca se dió cuenta de que lo importante, era el cómo.

Ya no importaba si sería más feliz, sólo sabía, que ocurriera lo que ocurriera, había sido única y exclusivamente su decisión.

Ese ensordecedor portazo fue el medio para el cambio, el picaporte, el principio, y mi firme caminar, el comienzo del fin.

Vivir por encima de nuestras (sus) necesidades

Y al final va a ser verdad lo de vivir por encima, pero no nuestras posibilidades, sino de nuestras necesidades, o más bien de sus necesidades, de las que este sistema lleva mucho tiempo creándonos con el simple fin de mover capital. Ese movimiento es vida para ellos y muerte para nosotros. Se está viendo que la mayoría de cosas que nos vendían no eran necesarias, no sólo para poder subsistir, sino para poder vivir dignamente. Nos llevan mucho tiempo convirtiendo en meros seres que compran cosas.

Utilizando todas las armas posibles para hacernos creer que seríamos más felices poseyendo cualquier novedad, lo nuevo vende, porque quieren, necesitan que sea vendido. Y en cuanto lo has comprado sigue la rueda para convencerte de que necesitas algo más. Pronto empiezan a bombardear a los niños con toda su artillería de publicidad, de venta , tan repetidos mensajes , que han acabado convertidos en dogma para la mayoría de la gente, somos anuncios andantes, por fuera y por dentro. La propia sociedad a diario te va machacando de sol a sol con los mismos mensajes, y al final se hace muy complicado nadar contracorriente, así que la mayoría se dejan llevar.

Y así acabamos, pensando como hay que pensar, hablando de lo que nos hacen hablar, haciendo lo que tenemos que hacer, divirtiéndonos de la manera que quieren que lo hagamos (el circo nos lo dan ellos), es decir, viviendo como nos dicen que tenemos que vivir.

Jamás en la historia se había vendido tan bien el hecho de ser esclavos, si, sin cadenas, si, con comodidades, en algunas partes de nuestro planeta (porque, y esto es otro tema, tendemos a globalizar lo que conocemos sin pensar que en el mundo hay muchísimas realidades diferentes a la nuestra), pero, como iba diciendo, esclavos al fin y al cabo de como debemos vivir y eso bajo mi punto de vista, no es libertad.

Y nos venden, lo nuevo, lo bello, lo joven, eso es lo único que vale. Y así nos va, ahora mismo la gente mayor, esa generación que creció en una posguerra, que las pasó muy putas, que levantó este pais, esa tercera edad a la que se le debería hacer un monumento, se desangra, en parte porque no la necesitan, ya no les pueden exprimir más, no son “rentables”, no son “productivos”, se les aparta y aparca en residencias de mala muerte; después de haber contribuido con trabajo, con cotizaciones, con la educación de sus hijos y ahora, por obligación de la miseria de sueldos y la temporalidad de los empleos, también de sus nietos.

Esa generación se nos va por culpa de un virus pequeño, pero también por culpa de un virus mayor, un sistema que les da de lado, que los culpa, en vez de darles las gracias. No sé si leí por algún lado que una sociedad que no cuida a sus mayores es una sociedad enferma. Lo que yo pienso es que una sociedad desagradecida y antinatural de la que me avergüenza formar parte. Y las sociedades están englobadas en sistemas, pues bién, no me gusta vivir en un sistema que desprecia y no tiene en cuenta a parte de su gente.

Así que volviendo al principio, espero que este “apagón”, este “parón” de las superficialidades que nos rodean y acompañan cada día, llámalo, turismo masificado con sus packs prefabricados, llámalo deportes-show, fútbol, baloncestos, motociclismos, de los que hablar continuamente (¿tan mal lo está pasando la gente sin esto?), el último modelo de todoterreno para ir por la ciudad, la ropa de marca para enseñar lo mucho que ganas…

En fin, espero que esto haga pensar de manera diferente a un porcentaje de personas, por pequeño que sea, que pueda empezar a vivir, ni por encima, ni por debajo de sus necesidades, simplemente con la intención de hacerlo felizmente sin pensar que cada día de esta vida, de nuestra única vida, nos enfrentamos a una lucha por sobrevivir, a una guerra contra todos para poder tener más. Yo no quiero salir a la calle con la premisa de que los demás son mis contrincantes y adversarios, simplemente porque el sistema determina que la única forma de alcanzar la felicidad es tener muchas cosas. Creo que hay mas vías para ser feliz que la que nos proponen, y empezar a deshacernos de las cosas innecesarias que “debemos” acumular, puede ser un buen punto de partida.

Todo paró

Y de repente todo cambió

Se oyeron otros mundos

distintas voces, diferentes sonidos,

otros, hasta hace no mucho,

ahogados e inaudibles murmullos

.

El ser dejó de ser,

lo que le obligaban a ser

El punto de vista se alteró

y la vida, en seco paró,

hasta para aquellos,

que obstinadamente decían que no

.

Nos escondimos, obligados,

todos, salvo unos pocos, encerrados

La existencia, más que el proceder se valoró,

nos miramos, al principio sin rencor,

y después, por creados miedos, peor

.

Y valoramos lo que ya no nos dejaban disfrutar,

lo que no han logrado poseer, todavía,

todo aquello que de moneda carece,

el relajante rumor de un río y su corriente

un abrazo, una palabra, una sonrisa,

o para lo que sirve la verdadera amistad

y la unión de las personas, de la gente

.

Caminar lentamente junto al mar,

un gesto amable, una caricia,

y de bastantes, la valentía,

la lucha y la entrega para con su vida

la de otros muchos poder salvar;

cosas intangibles, cualidades y valores

que con sus especuladoras acciones,

por mucho que quieran,

nunca, nunca podrán mercadear.

La huida

De repente las paredes chocaron contra mí

La puerta del comedor me miró displicentemente

mientras el techo le sugería a la lámpara

que una bombilla me lanzara

Ni siquiera la ventana me dejó escribir en ninguna de sus hojas

El perchero sin buenas intenciones me perseguía

a la vez que la bañera, para cortarme el paso,

de las tuberías que la retenían se desprendía

En una esquina, la alfombra y el sillón

para besarse apasionadamente

el inmenso revuelo aprovechaban

Todo estaba perdido, hasta el armario se había desempotrado

Cerré los ojos esperando el final y me desvanecí

Desperté de nuevo colgando del ventanal del balcón

Ahora el resto de cortinas ya no me dirige la palabra

La próxima vez lo lograré, le digo al reloj de cuco

mientras el cabecero de la cama

la puerta del salón cierra ahogando mi voz.

Desvarío temporal

Desde su jaula, se paseaba, se sentaba, y pensaba. Tanto tiempo como la nada, y se levantaba. Su mirada al infinito chocaba con la pared. La abundancia de minutos, sin tareas para llenarlos le secaba hasta la sed.

Y se sentaba y sentía la falta de hacer. Cenaba desayunos y desayunaba meriendas. Y se levantaba mientras seguía tumbado.

Salía sin salir. Hablaba con los dedos. Y descansaba del exceso de descanso estando despierto.

Y paseaba sin despertarse. Sus sueños eran mas reales que sus despertares.

Y navegaba con los párpados abiertos de par en par. Y reía y lloraba, o eso creía.

Mientras se sentaba, pensaba, y disfrutaba de la vida.

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